Un año.

Se dice rápido, ¿verdad? 12 meses. 

Pero durante esos doce meses he llegado a conclusiones, he cambiado como persona (espero que para bien, o al menos, para mi propio beneficio) , he cumplido un año más… Esperando con eso que haya madurado también como persona. A veces sencillamente lo que necesitas es cambiar de actitud, volverte más indiferente para algunas cosas. Sí, pueden tacharte de fría o de que ya  no te importan tus amistades pero lo cierto es que me he cansado. 

Me he cansado de poner siempre yo el esfuerzo, de estar ahí cuando nadie ha estado, de no ser la prioridad de nadie realmente. He aprendido a dejar que todo fluya, en resumen. A no agobiarme con la mínima tontería ni hacer reproches que no tienen sentido. Porque no lo tienen, ni voy a ponerme a pedir cosas que no serían justas porque oh, es lo que yo quiero. En ese sentido, todavía sigo pensando en esa poca gente que me importa. Quitando el hecho de que curiosamente una de las impresiones que aparentemente doy es de ser egoísta.

Qué ironía, ¿no? 

Me han dicho muchas veces, céntrate en tu presente en lugar de en tu pasado. Por desgracia soy una persona que recuerda mucho todo aunque hayan pasado dos o tres años. Más estas cosas que nunca se ven venir. O cuando abres los ojos y de repente entiendes, todo te encaja y dices: Ah, no. Es que lo sabían

Este 16 de Junio no he tenido grandes celebraciones, ni una merienda en “buena” compañía que acabó siendo un fiasco. Pero al menos he estado con mi gente más cercana, he comido bien y he cerrado la noche con un magnum, un gran musical en DVD y leyendo algo que me habían escrito. Para mí. Porque era mi cumpleaños. He recibido felicitaciones de gente que sencillamente no esperaba que se fuera a acordar de mí… Lo cual siempre es una agradable sorpresa, porque yo nunca espero de nadie que se acuerde de mi cumpleaños.

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El maravilloso Raúl Esparza en su papel de Robert en el musical Company

Curiosamente, este musical trata mucho sobre eso. Sobre todas las preguntas que nos vienen cuando ya vamos siendo mayores y empezamos a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra vida. O te sientes increíblemente solo estando muy acompañado. En ese sentido Robert pasó rápidamente a ser lo que hoy últimamente todo el mundo llama un “spirit animal”. Me reí, me emocioné, disfruté como una enana de esa voz ( y esa presencia.) 

No, nada mal para un auto regalo y un Domingo noche que esperabas iba a transcurrir sin mayores acontecimientos. 

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