Wow, ¿qué? ¿ya es Agosto?

Y llegó el verano. Y casi que se va otra vez.

Lo siento, he estado pasando por una serie de cosas que me han impedido volver aquí hasta este mismo momento. La verdad, ha sido bueno para mí. No he hecho ningún viaje maravilloso esta vez, pero he tenido grandes ideas. De hecho, he tenido una idea que me ha hecho atrasar el final de la novela en la que estaba trabajando.

Puedo decir que gran culpa de todo ello la tiene lo mucho que pienso en escribir, Arturo Pérez Reverte y su fantástica La Reina del sur y bueno, porque realmente creo que era cuestión de tiempo antes de que decidiera escribir algo así.

También, cómo no he aprovechado para descansar, tomar el sol, hacer ejercicio y disfrutar de buena música. Sobre La Reina del Sur ya hablaré en otro momento – prometo no atrasarme tanto, esta vez – porque merece un post aparte.

Mientras me pongo a construirle un blog a mis obras literarias para poder promocionarlas – o intentarlo, mientras sigo leyendo en distintas webs algunas  guías para auto – edición, encontrar un buen agente literario y demás, quiero compartir el principio de algo nuevo que me tiene realmente entusiasmada, por falta de otra palabra. Básicamente, no puedo dejar de pensar en este proyecto nuevo. Y como tengo la suerte de tener tiempo de sobra por el momento, puedo permitirme dedicarle tiempo a los dos proyectos (recordemos The High Road, que estoy a unos pocos capítulos de terminar.), dejo aquí la introducción. Espero que la disfrutéis.

Besos, y buen verano desde Marbella donde hoy el calor ha dado un poquito de tregua, nos lo ha cambiado por un poco de brisa fresca. Que ya tocaba.

Los 34 grados se pueden alcanzar en la ciudad de Marbella en pleno mes de Julio. El calor se pega con una facilidad increíble a la piel haciendo que se incremente por dos, así que la sensación térmica se duplica incluso por la noche, alcanzándose una temperatura máxima de unos 24 grados aproximadamente.

En realidad, toda Europa parecía estar pasando por una ola de calor considerable. Inglaterra no experimentaba eso desde hace mucho tiempo, internet está plagado de bromas sobre eso.

La noche en Puerto Banús es agradable ese Viernes del 2015. No se mueve ni una hoja pero el viento es piadoso de vez en cuando. Aunque aquello no importaba mucho dentro del club Linekers. El aire condicionado funciona, todo es música y un local de dos plantas iluminado por luces de diferentes tonos morados.

Arriba hay una sala VIP que huele a tabaco, drogas y Möet Chandon en una cubitera bien fría. Sobre uno de los largos sofás acolchados, un grupo de unas cuatro personas disfrutan de la noche. Entre el grupo un hombre destaca: No es alto, ni espectacularmente musculoso pero lo suficientemente fuerte. Al contrario del maldito prototipo cliché latino, su piel no es en exceso tostada ni sus ojos oscuros si no color aceituna. Lo único que parece cumplir con lo que la mayoría tiene como hombre latino es el cabello oscuro y generoso. Odia eso, los putos estereotipos. Básicamente encima de él, en su regazo, una muchacha está rindiéndose a sus encantos. Tocando, susurrando y acariciando sobre su camiseta, apartando la cazadora a su lado pero él lo impide con una de sus manos medio sonriendo. Otra de esas zorras de la zona que sólo necesitan la promesa de sexo rápido y una bolsita de algo para tenerlas en tu entrepierna.

Suerte, no está haciendo un mal trabajo de ello.

Conoce muy bien al hombre de color, considerablemente alto y fuerte que interrumpe la fiesta privada. Es uno de los de su confianza y no es el típico bruto, su labor como seguridad personal es jodidamente impecable, de percha elegante pero capaz de saltar dientes con un sólo puño. No es el único a su servicio.

  • Abel — Dijo el hombre, con tono apremiante.

Él le mira, estampando su cajetilla de cigarros contra la mesa, dándole suaves golpecitos mientras sigue acariciando el pelo de la chica. Enciende uno, tomándose su tiempo. Sosteniéndole la mirada.

  • Ocupado.— Contesta en Español. Su hombre ya está más que acostumbrado, y a pesar de ser Inglés de origen entiende perfectamente lo que quiere decir.

Este suspira. Sólo hay algo peor que el hecho de que te jodan una fiesta, y eso es que te jodan una fiesta cuando estás apunto de echar un polvo.

  • Es importante — Su gesto con la cabeza, señalando hacia el exterior del recinto, le estaba dando a entender que tiene que ver con trabajo.

  • Me cago en la puta. — contesta, quitándose para su desgracia a su potencial oportunidad de sexo de encima.

Gruñe un poco en forma de protesta, antes de coger a su chica (la de esa noche, al menos) por la cintura, diciéndole que no tardaría más de veinte minutos en volver. La mayoría de la gente que suele circular por ahí a esas horas sólo quiere tres cosas: droga, dinero o un taxi para volver a casa. En su caso, no duda que se trata de una de las dos primeras y le van a dar mucho por culo como le hayan tocado un puto céntimo de euro. Espera una respuesta hoy, no es un buen día.

Avanzan juntos hasta llegar a la entrada. Luego, John le desvía hasta la calle de atrás del recinto donde intuye que tiene retenido al amable amigo que no le sale de las pelotas colaborar. Espera que al menos la interrupción valga la pena, porque no está de humor. Dos personas más están escoltando a un pobre diablo que tiene aspecto de no tener ni jodida idea de dónde se ha metido, debe ser el mandado de turno. Y aparentemente, tampoco sabe con quién trata.

  • Mi amigo me cuenta que quieres verme — Dice, plantándose a pocos metros del hombre.

Quiere hacerle ver que está en control, como todos. Y también está muy acojonado en el fondo, como todos. Esto va a ser más fácil de lo que en un principio pensaba. Sonríe, mirándole a los ojos, sin tener por supuesto ni idea de lo que espera como no le diga lo que necesita saber. Hace intención de moverse, pero le sujetan rápidamente por los hombros. Les ha traído muy bien enseñados, no puede quejarse.

  • Les he dicho que no sé nada.

  • Ya. La cuestión es que ninguno de ellos te cree, y yo tampoco. Y tengo un negocio que hacer, y tú lo estás parando.

Da una última calada fuerte a su cigarrillo para tirarlo a sus pies antes de pisarlo. Coge al tipo firmemente por las solapas de su chaqueta antes de incrustar el anillo que lleva en su mano derecha. Se hunde en su mandíbula y siente el hueso crujir bajo su tacto. La sangre salpica ligeramente sobre su ropa.

  • Dónde cojones está el dinero. Tienes exactamente tres minutos para decírmelo a mí y a mis amigos, y aquí no habrá pasado absolutamente nada que no pueda solucionarse.

El muy gilipollas sigue pensando que van de farol.

  • Escúchame,Hernandez — se acerca, tanto como le dejan, intenta disimular el dolor por el golpe — Me importa una mierda. Sólo soy el mensajero.

Ríe, como si realmente la cosa no fuera con él. O con ninguno de ellos. Extrae su arma de la parte trasera del pantalón. La sostuvo entre sus manos el tiempo suficiente como para hacerle dudar.

  • En ese caso, un placer haber hecho negocios contigo.

Una parte de él puede que sintiera esas palabras como ciertas mientras aprieta el gatillo. Esta vez deja que ellos se encarguen, aunque es lo que suele hacer en la mayoría de ocasiones. Por algo es el jefe y se encarga de recordarlo de vez en cuando. Sólo para refrescar la memoria. Entró de nuevo en el recinto. En la barra está la misma chica de antes, dando un sorbo de un martini. Cuando se acerca, le llama la atención la pequeña salpicadura de sangre a la altura del pecho, aunque no cree que la haya notado mucho con las luces. Sin embargo, seguramente imagina que no tiene que hacer preguntas sobre qué ha estado haciendo y se limita a acercarse a él. Apoya una mano justo en la zona cercana a la mancha y sonríe. Acerca su boca a su oído. Él, mientras, llama al camarero con una mano y estampa un billete generoso sobre la mesa a cambio de lo consumido en las horas que llevan ahí.

  • ¿Puedo hacer algo para mejorar tu noche?

No responde nada, empieza a bailar antes de tomarla por la cintura y la besa. Este tipo de asuntos es mejor tratarlos en una habitación de hotel. Desaparece en la noche Marbellí dentro del Nissan Juke negro de cristales tintados que le está esperando en la puerta.

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