“Será una fase.”

Hoy tengo un día bastante reflexivo.  Reflexivo sobre la condición humana.  Hay tanta mierda pasando en el mundo y tantas cosas que me han sucedido últimamente que he visto necesario sacarle polvo a mi blog.

Hablando un poco de ello, me dije a modo de propósito de año nuevo usarlo más y como todos los propósitos de año nuevo, lo he olvidado. También dije en algún momento que iba a perder los ocho o diez kilos que necesito perder pero oye, que ahí estamos, más o menos igual.  Aunque poniéndole ganas, eso sí. Que le doy al runtastic que da gusto.

Así que  mis disculpas. He estado demasiado distraída, también enferma con una bronquitis que me ha tenido en cama una semana – aunque he intentado negarme y seguir dándole caña al runtastic a pesar de estar echando literalmente los pulmones por la boca o casi – como para volver al mundo internauta, del que intento separarme últimamente tanto como puedo. Será que ya voy a cumplir una edad, próximamente, no me pregunten cuántos. Dejémoslo en taitantos. Y de todos modos, está el chivato de mierda de FaceBook para decirlo. Y ya cada vez hay un anhelo mayor de despegarse de tanta tecnología y tanto estar conectado constantemente. A riesgo de parecer Iker Jiménez en uno de sus momentos de abuelo cebolleta, es absolutamente cierto y una filosofía de vida que comparto absolutamente con él.

Me doy cuenta principalmente porque la única red social que me apetece usar y esto es de vez en cuando es instagram. Twitter y tumblr cada día me agobian más, volviendo a eso de sentirse mayor o que cada vez soportes menos mierda de nadie.

He tenido dos años y medio prácticamente para analizarme a mí misma. Lamento mucho decir esto, pero es verdad. He pasado demasiado tiempo conmigo misma. Lo sigo pasando, pero mis condiciones han cambiado y al menos tengo un trabajo que me mantiene ocupada semanalmente. A tiempo parcial, pero lo hace.  En ese proceso me he dado cuenta de lo mucho que nos dejamos comer el coco cuando somos pequeños por lo que se absorbe como si de esponjas se tratase en nuestras casas.

Piénsenlo, está ahí todos los días. En las personas que vemos todos los días en la tele o con las que interactuamos. Yo, ahora que estoy tratando con niños bastante a menudo, me doy cuenta. Me doy cuenta de que yo he sido de una manera siempre, que todas esas cosas que yo me decía a mí misma que no podían ser, justificándolo de otra manera, era sencillamente porque mis padres me decían que lo otro estaba sencillamente mal.  O sin decirlo, lo escuchaba. En las conversaciones a la hora de comer, etcétera.

Así que yo me decía: No, esto no puede ser, porque yo soy NORMAL. Y a la gente NORMAL no le gustan esas cosas.

Disculpen a mi yo de diez años. No sabía nada mejor.

Una vez uno de mis alumnos me dijo que un hombre que trata mal a una mujer es maricón. No culpo a ese pobre niño, que seguramente ha escuchado esas palabras de su santo y muy homófobo padre usando terminología de los años 30  o 50, culpo a esa mente viva de 13 años que piensa, como yo entonces, que todo lo que piensen sus padres va a misa.

Me puse delante de él y le dije que sencillamente son malas personas. Y no por ser políticamente correctísima que es lo que se lleva últimamente (eso de no tener ni un desliz, no vaya a ser), es que la orientación sexual no tiene nada que ver con ser un hijo de puta, como aquel que se puso a maltratar a su señora en pleno concierto de Alejandro Sanz y bien le está empleado que su cara se haya visto por los telediaros de todo el mundo. Que pase por la vergüenza de ser escoltado por seguridad fuera de un evento público. Y ojalá se llevara una patada en el culo o en los cojones de propina.

Yo me empeñaba en ser normal cuando ya lo soy. Me empeñaba en no aceptar una parte de mí misma que ahora mismo no me importa enseñar y si me preguntan contestaré con total honestidad. Me gusta lo que me gusta, me siento como me siento, y por primera vez en mucho tiempo, estoy de putísima madre así.

Pero aún así veo caras de shock por parte de gente ya mayor con la que compartí cena  y que ha vivido otras épocas cuando un actor admite libremente en la televisión pública que ha tenido novias y novios, escucho frases como ” ay por Dios, mientras no le haga daño a nadie….¿qué, le da tanto a la carne como al pescado?”, caras de disgusto, tono excesivamente sorprendido, muchachas de 25 años que me dicen en un paseo tranquilo, hablando de gente homosexual y bisexual que no lo entiende, con ese acento Chileno tan particular “ay ya, pos, que se decidan por uno”. Y yo  en dicha cena de mientras le daba vueltas a una ensaladilla rusa cojonuda preparada por mi tía allí presente mientras daba un sorbo más de un vino blanco. Muy bueno, también.

Miré mi carcasa nueva de 15 € que pone : I love girls and boys, so what?

Y lo único que acerté a decir fue:

Nada de malo puede hacer si es él mismo.

¿Más tolerantes somos, dicen? ¿La juventud?

Como suelo decir mucho, y un cojón de pato.

 

 

 

 

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